Hace unos días en la radio escuche, en el programa “El Show del Genio
Lucas” que se transmite en amplia zona de USA y México, una reflexión que me
sacudió bastante, se las comparto integra, quizás aquí está el por qué de la
insensibilidad e indiferencia de los jóvenes:
Alberto era un hombre joven cuyo hijo había nacido recientemente y era
la primera vez que sentía la experiencia de ser papá. Un buen día, le dieron
ganas de entrar en contacto con la naturaleza; pues a partir del nacimiento de
su bebe todo lo veía hermoso y aun el ruido de una hoja al caer le sonaba a
lindas notas musicales, así fue que decidió ir a un bosque, quería oír el canto
de los pájaros y disfrutar toda la belleza, caminaba plácidamente respirando la
humedad que hay en estos lugares, cuando de repente, vio posada en una rama a
un águila que lo sorprendió por la belleza de su plumaje.
El águila, también había tenido la alegría de recibir a sus crías, y
tenía como objetivo llegar hasta el río más cercano, para capturar un pez y
llevarlo a su nido como alimento, pues significaba una responsabilidad muy
grande criar y formar a sus aguiluchos, para enfrentar los retos que la vida
ofrece.
El águila al notar la presencia de Alberto lo miro fijamente y le
pregunto: ¿a dónde te diriges buen hombre?, veo en tus ojos alegría.
Es que ha nacido mi hijo y he venido al bosque a disfrutar, pero la
verdad es, que me siento un poco confundido.
Oye, pregunto el águila, y ¿qué piensas hacer con tu hijo?
Pues ahora y desde ahora siempre lo voy a proteger, le daré de comer y
jamás permitiré que pase frió, yo me encargaré de que tenga todo lo que
necesite, y día con día seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo, voy
a defenderlo de los enemigos que pueda tener y nunca dejaré que pase
situaciones difíciles, es mi hijo, lo amo y no permitiré que pase problemas o
necesidades como las que yo pase, nunca dejare que eso suceda, porque para eso
estoy aquí, para que él nunca se esfuerce por nada, y para finalizar agrego, yo
como su padre seré fuerte como un oso y con la potencia de mis brazos lo
rodearé, lo abrazaré y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe.
El águila, no salía de su asombro, atónita lo escuchaba y no daba
crédito a lo que había oído, entonces respirando muy hondo y sacudiendo su
enorme plumaje, lo miro fijamente y le dijo: escúchame bien buen hombre, cuando
recibí el mandato de la naturaleza para empollar a mis hijos, también recibí el
mandato de construir mi nido, un nido confortable, seguro, a buen resguardado
de los depredadores, pero también le he puesto ramas con muchas espinas y
¿sabes por qué?, porque aun cuando estas espinas están cubiertas por plumas,
algún día cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar, haré
desprender todo ese confort y ellos ya no podrán habitar sobre las espinas, eso
los obligará a construir su propio nido, todo el valle será para ellos, siempre
y cuando realicen su propio esfuerzo para conquistarlo con todo; sus montañas,
sus ríos llenos de peces y praderas llenas de conejos, si yo los abrazara como
un oso reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría irremediablemente
su individualidad y haría de ellos individuos indolentes, sin ánimo de luchar,
ni alegría para vivir, tarde o temprano lloraría mi error, pues ver a mis
aguiluchos convertidos en ridículos representantes de su especie, me llenaría
de remordimiento y gran vergüenza, pues tendría que cosechar la impertinencia
de mis actos, viendo a mi descendencia imposibilitada para tener sus propios triunfos,
fracasos y errores, porque yo quise resolver todos sus problemas.
Yo amigo mío, dijo el águila, podría jurarte que después de Dios he de
amar a mis hijos por sobre todas las cosas, pero también he de prometer que
nunca seré su cómplice en la superficialidad de su inmadurez, he de entender su
juventud, pero no voy a participar de sus excesos, me he de esmerar en conocer
sus cualidades, pero también sus defectos, y nunca permitiré que abusen de mi
en aras de este amor que les profeso, el águila callo, y Alberto no supo que
decir, pues seguía confundido y mientras entraba en una profunda reflexión,
esta con gran majestuosidad, levanto el vuelo y se perdió en el horizonte.
Alberto empezó a caminar, mientras miraba fijamente el follaje seco
disperso en el suelo, solo pensaba en lo equivocado que estaba y el terrible
error que iba a cometer, al darle a su hijo un abrazo como el de un oso.
Reconfortado siguió caminando, solo pensaba en llegar a casa, con amor,
abrazar a su pequeño bebe, pensando que abrazarlo solo seria por segundos, ya
que el pequeño empezaba a tener la necesidad de su propia libertad, para mover
piernas y brazos sin que ningún oso protector se lo impidiera. A partir de ese
día, Alberto empezó a prepararse para ser el mejor de los padres.
A mi mis timbres….
La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los
hombres la temen tanto. George Bernard Shaw
(Escritor irlandés).
La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las
cosas que con ella se consiguen. Ramiro de Maeztu (Escritor español).
La libertad no es un fin, es un medio para desarrollar nuestras fuerzas.
Giuseppe Mazzini (Político italiano)
http://ferriz.com.mx/negocios/setenta-maestros-ganan-mas-que-pena-nieto/ La verdad es que no creo que sea por mayor
conocimiento, ni por mayor antigüedad, pero si por abuso de su función y
coludidos con el sindicato / gobierno, que han vaciado las arcas desde hace
muchos años. Ahora ya sabe, por qué los maestros no quieren las reformas.
Articulo publicado el sabado 03 de mayo 2014
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